La generalización y la persistencia en la ahimsa para confrontar las fuerzas de ocupación ponían a dichas fuerzas en un nuevo escenario político, pues no era lo mismo tratar de sofocar una insurrección abierta de ejércitos de liberación, que enfrentar a millones de personas dispuestas al sacrificio, que invocaban su fuerza espiritual y su capacidad y disciplina para negarse a responder la violencia con más violencia.
Desobedecer las leyes de la sal
Se dieron los primeros pasos en la preparación de una gran campaña de desobediencia civil, ordenando a todos los miembros del Congreso dimitir de cualquier posición en las legislaturas estatales y se planteó la desobediencia fiscal, llamando al pueblo indio a dejar de pagar impuestos.
Como de costumbre, Gandhi explicó al virrey, en una carta, los motivos de la desobediencia, insistiendo en la injusticia de los impuestos y destacando la arbitrariedad del impuesto sobre la sal. Este era un agravio para un pueblo hambriento que se sentía violentado de esta manera, pues lo que ocurría era que se ponían barreras para el libre uso de un bien prevalente o de mérito, como el aire y el agua, además de gran significado para la cultura hindú1. Habría entonces que recurrir a la "no violencia organizada" para "… detener la violencia organizada del gobierno británico". Por tanto, decía Gandhi al virrey, de no cesar el agravio, se organizaría una campaña de desobediencia civil contra el impuesto de la sal (Rawding, 1991, p. 36).
Pasada casi una década desde la última gran campaña de no-cooperación impulsada por Gandhi, el Mahatma decide que había que ir de nuevo a la acción directa noviolenta. Abandonó entonces su ashram de Sabarmati y dio comienzo a la convocatoria y organización, con un manifiesto publicado el 26 de enero de 1930. Allí consignaba las causas de la miseria del pueblo y planteaba una serie de reivindicaciones, encabezadas por la exigencia de la supresión del impuesto sobre la sal, la disminución de otros impuestos y la liberación de los presos políticos. En febrero de ese año, la campaña es anunciada por el Comité Ejecutivo del Congreso. No se había obtenido respuesta alguna de parte del gobierno británico, de tal manera, que el 12 de marzo Gandhi inició una de las más conocidas gestas de la desobediencia civil moderna: la Marcha de la Sal.
Según Rawding (1991), Gandhi salió, acompañado de 80 de sus satyagrahis, desde su ashram en Ahmedabad, buscando el mar. Veinticuatro días más tarde arribaron a Dandi, en la costa del mar Arábigo, junto a una multitud que se había ido sumando en cada aldea. La Marcha misma fue un gran escenario de aprendizajes y de agitación a favor de la desobediencia, explicando sus razones y métodos. La ley del impuesto a la sal, amparada en el monopolio que la corona británica había decretado, era un ejemplo simple y poderoso de lo que significa una "ley inhumana y diabólica" e hizo fácil que calara el llamamiento a desobedecerla.
Ya, en 1922, el Mahatma había defendido el derecho a la desobediencia y había increpado a quienes dudaban de hacer valer esta posibilidad: "es de cobardes obedecer a leyes injustas (…). Renunciar (a este derecho) significa dejar de ser hombres" (Gandhi, citado por Ameglio. 2002, p. 118 y 119). En su pedagogía durante la Marcha se le explicaba a los aldeanos que esta acción configuraba un delito para las leyes de la colonia, era una violación consciente de una norma legal instaurada por la administración inglesa y, por tanto, había que estar dispuesto a asumir las consecuencias penales que de ello se derivaba.
Por eso, cuando las autoridades tomaran las medidas punitivas que eran de esperar, era necesario someterse a ellas voluntariamente. Esto era lo que hacía que la marcha o cualquier acción deliberada de desacato de una ley injusta se convirtiera en una auténtica desobediencia civil, además de proclamar públicamente que tal infracción se hacía por motivos éticos y que en ella se renunciaba explícitamente a la violencia.
Una vez en Dandi, los gandhianos invitaron a la multitud a extraer del mar el agua y procesarla con fuego para producir su propia sal. Esta se pondría a disposición del uso de la gente que podría seguir fabricándola, almacenándola y ofreciéndola en venta ilegal (contrabando), lo que en cualquier caso violaba el monopolio de los ingleses y evitaba tener que comprarla a los establecimientos legales que cobraban el impuesto. La febril actividad de miles de indios haciendo su propia sal, esgrimiendo un discurso tan inspirador, en una rebelión pacífica por conquistar su autonomía, propició una tribuna sin precedentes para los planteamientos de los nacionalistas. A todos los rincones de la India llegó el llamado de Gandhi: "Hoy día, todo el honor de la India está simbolizado en un puñado de sal en manos de los resistentes no-violentos (…) Que cada aldea vaya a buscar o fabrique sal de contrabando". Se convocaba a una "guerra no-violenta" en la que las mujeres tenían un papel especial que jugar: "Si por fuerza entendemos la fuerza moral, entonces las mujeres son infinitamente superiores al hombre" (Gandhi, citado por Ameglio, 2002, p. 172).
La India no iba ya a retroceder; millones de seres humanos se pusieron en movimiento no solo para producir y contrabandear la sal, sino para confrontar de mil maneras a la opresión colonial: las formas de lucha se diversificaron y multiplicaron por todo el país, estallaron huelgas y boicots variados, la desobediencia fiscal se amplificó. La tensión con los ingleses llegó a su límite.
Los ingleses respondieron desatando una amplia represión. Gandhi fue arrestado el 5 de mayo de 1930. La censura de prensa fue total y cualquier manifestación fue atacada hasta su disolución. Unas semanas después se ilegalizó al Partido del Congreso. Gandhi llamó a la gente a provocar su arresto en una táctica inversa que buscaba el desbordamiento de la capacidad penitenciaria del régimen. Muller calcula que en 1930 fueron a la cárcel unos 100.000 indios resistentes y desobedientes de las leyes de la sal. A pesar de esto, en las aldeas de todo el país continuaron organizando manifestaciones y protestas de todo tipo, incluyendo la ocupación noviolenta de depósitos de sal de los ingleses. Durante todo el año, la gente mantuvo la recolección y el procesamiento de sal del océano. Los satyagrahi tuvieron ocasión de experimentar el sacrificio y poner en práctica las normas de la Noviolencia, soportando en silencio, estoicamente, las palizas de la policía.2
La metrópoli hubo de moverse hacia la flexibilización de su política, ofrecer negociaciones al Congreso, volver a legalizar su Comité Ejecutivo y liberar a los líderes presos. El 26 de enero de 1931, cuando ya eran palpables los resultados del boicot a las mercaderías extranjeras (las importaciones de telas de algodón habían disminuido en más del 60 % en el último año) y se había roto de facto el monopolio de la sal, Gandhi y sus compañeros fueron puestos en libertad. De inmediato, plantearon un pliego de reivindicaciones que incluían una inmediata amnistía general, compensación por daños y restitución de bienes confiscados, investigación imparcial sobre los abusos contra los nacionalistas y, sobre todo, liberar a los indios para fabricar su propia sal.
Luchar y negociar
En marzo de 1931, se firma un primer acuerdo en Delhi, conocido como el pacto Gandhi-Irwin, en donde se acepta buena parte de los puntos reclamados por los indios, especialmente los relacionados con la liberación de los presos políticos, con la devolución de algunos bienes confiscados y con la aceptación parcial de la fabricación de sal, únicamente en las zonas costeras, sin renunciar al monopolio británico. Los ingleses tampoco aceptaron investigar sobre los abusos contra los protestantes. Aún así Gandhi acordó levantar el movimiento de desobediencia civil y participar en la Segunda Conferencia de la mesa redonda en Londres en noviembre. ¿Valía la pena un esfuerzo tan gigantesco como el de la campaña de desobediencia civil articulada a la marcha de la sal, con sus cientos de muertos, sus miles de heridos y detenidos, para obtener lo que se pactó?
Para Gandhi, había que abandonar la idea de una negociación en clave de guerra en donde quien logra exhibir la mayor acumulación de fuerzas -en este caso los nacionalistas- va por todo. Para Gandhi se debía tener en cuenta también las condiciones del adversario y lo que puede efectivamente conceder en el contexto político que lo define.
El asunto es que a propósito de la tregua de marzo de 1931 (Pacto Gandhi-Irwin) y de las negociaciones de la Mesa Redonda de enero de 1932, se profundizaron tres conflictos al interior del movimiento nacionalista.
El primero, en el seno del Partido del Congreso, con el descontento del sector de Chandra Bose, quien más adelante iría a tomar un rumbo distinto al del movimiento de la Noviolencia. El segundo, con los musulmanes que no podían aceptar que la única representación de la India en las negociaciones estuviera solo en manos de Gandhi y de los hindúes. El tercero, con los Intocables, por cuya reivindicación tanto había luchado el gandhismo y que habían logrado un alto grado de organización que los condujo a aceptar su presencia independiente en las negociaciones con los ingleses, en contra del criterio de Gandhi y del Congreso. Dos de estos conflictos tendrían desenlaces trágicos para la India, el tercero demostraría el poder de la Noviolencia para buscar salidas dignas y constructivas.
Subhas Chandra Bose era el representante de un pensamiento nacionalista de izquierda radical, veía que el pueblo indio agonizaba mientras se extendía de manera desesperante el tiempo de la ocupación británica. Para él era prioritaria la independencia y se impacientaba con cada nuevo aplazamiento de los objetivos cuando el método de la ahimsa así lo dictaba.
Sin embargo, durante el año 1939, en vísperas de estallar la guerra, Chandra Bose ya no estaba dispuesto a esperar más para proclamar la independencia total de la India, creía que las condiciones internacionales así lo permitían. Decidió entrar en la lógica amigo-enemigo y buscar apoyo para su levantamiento armado en los contendores de los ingleses en la guerra. Primero estuvo en Berlín colaborando con los nazis, en un acuerdo de mutuo beneficio basado enteramente en el "realismo político". Luego, con el apoyo de los japoneses que estaban ganando las posiciones coloniales de los ingleses en Oriente y ya había tomado Birmania y Singapur creó el Ejército Nacional Indio (INA) que llegó a estar conformado por 85.000 soldados, que habían sido prisioneros de los japoneses3.
En Bose encontramos un carácter recio, heroico, amado por millones de indios que anhelaban la libertad. Su dialéctica guerrera lo condujo a buscar la salida militar. Perdió su confianza en los esfuerzos de desobediencia noviolenta y optó por la resistencia bélica, enfrascándose en el oscuro mundo de las alianzas macropolíticas a las que interesa solo el resultado final, así haya que vender el alma al diablo y utilizar cualquier medio. Atado a la suerte de los japoneses en la guerra, la derrota de estos fue el fin del INA y la desaparición del propio Bose, de quien no volvió a saberse nada. Algunos daban por cierta su muerte en un accidente del avión que lo conducía a la URSS, pero una comisión del gobierno indio indicó que tal accidente nunca existió. Bose es considerado uno de los mártires de la independencia de la India y su nombre ha sido reivindicado recientemente4.
Por otro lado, el liderazgo musulmán comenzó a percibir la necesidad de una sólida organización propia y a expresar su desconfianza y recelo con la dirección única que pretendía Gandhi. Mohammed Alí Jinnah, que había defendido la cooperación con el Congreso, va a cambiar su orientación a partir de 1935, presionado por las élites ricas musulmanas y va a aceptar como objetivo la partición del territorio de la India para buscar una nación islámica independiente. En medio de los odios desbordados, se produjo la separación de Pakistán y el asesinato de Gandhi.
El tercer problema que se agudizó como resultado de la posición negociadora del gandhismo y de su asistencia a la Segunda Mesa Redonda fue el de los Intocables, como se anotó antes. En Londres, el único que obtuvo algún rédito fue Ambedkar, representante de los Intocables, a quien los ingleses le ofrecieron la posibilidad de una circunscripción electoral separada, lo que les permitiría construir su propio proyecto macropolítico poniéndolo a distancia de las tradicionales maniobras clientelistas que los subordinaban al servicio de la causa electoral de las castas superiores. El gandhismo entendió que esto era otra grieta para la unidad del movimiento de independencia, además de legalizar el apartheid que segregaba aún más a los Intocables.
Los Intocables fueron un contingente esencial para los éxitos de la desobediencia civil y la expansión de la Noviolencia, pero su rama más politizada se fue alejando del hinduismo y muchos, entre ellos Ambedkar, se convirtieron al budismo, una escuela de espiritualidad y religiosidad que, por principio, rechaza el sistema de castas.
Abandonad la India. Retirada inglesa al compás de la desobediencia civil
Había llegado el momento de iniciar la tercera campaña de desobediencia civil, aprobada el 8 de agosto de 1942 en la Asamblea de Bombay del Congreso, su lema "Quit India": ¡Abandonen la India! Su lógica era que el Gobierno inglés debía aceptar la completa independencia de la India para que esta pudiera movilizarse y enfrentar, por sí misma, la inminente invasión japonesa.
Esta convocatoria ya no contó con el apoyo de la Liga Musulmana lo que sustrajo a no menos de 2 millones de activistas, muchos de ellos voluntarios formados en las escuelas de desobediencia y no-cooperación anteriores. Tampoco los Intocables se manifestaron muy entusiastas para acoger el llamado. Los ingleses dejaron rápidamente acéfalo el movimiento y los líderes del Congreso, empezando por Gandhi, terminaron otra vez en la cárcel, aislados de la protesta que crecía en las calles. Esta vez, las acciones de sabotaje se multiplicaron y la violencia se instaló en muchos puntos de la revuelta.
Gandhi se impuso un ayuno de tres semanas para rechazar la violencia que, aparte de contaminar moralmente el movimiento, lo entorpecía en un punto que él consideraba "(…) culminante de la movilización de masas al servicio de la causa nacionalista" (Bianco, 2002, p. 161). Desde el punto de vista práctico, era una apreciación acertada. El raj aprovechó para volcar todo su poder militar contra las protestas aduciendo el carácter terrorista o de asonada violenta que se había empleado contra objetivos gubernamentales y el papel de "quinta columna" a favor del Eje nazi-fascista. Obviamente, las fuerzas británicas se impusieron en pocos días. El saldo, según Bianco (2002), fueron más de 1.000 muertos y 60.000 nacionalistas llevados a prisión.
Los vientos favorables en la guerra para Inglaterra, que terminarían con el triunfo aliado en 1945, cambiaron el contexto. Las condiciones políticas se flexibilizaron, se volvió a legalizar al Partido del Congreso y se liberaron los presos.
Como campaña, "Quit India" no había tenido éxito, pero le había mostrado a los ingleses que su futura estancia en la India sería insostenible y costosa. A la larga, el duro y prolongado parto de la Satygraha y la resistencia civil noviolenta habían creado las condiciones para una total independencia de la India. Los ingleses no tenían otro camino que abandonar el país, como lo declaró el Primer Ministro Clement Attlee el 20 de febrero de 1947: a partir de junio de ese año, se entregarían todos los poderes a las autoridades indias responsables.
Finalmente se irían sin ser derrotados en una batalla militar, no tendrían un ejército insurrecto persiguiéndoles con sus fusiles humeantes hasta que embarcara el último soldado, con su dignidad hecha girones y añorando la venganza. Los satyagrahis emprendían un nuevo viaje, al interior de su propia nación, para resolver el problema de la integridad territorial, para efectuar el Programa Constructivo, para demostrar la superioridad del Swadeshi y el Sarvodaya.
El día de la "acción directa musulmana" proclamado por la Liga el 16 de agosto de 1946, que desató la violencia religiosa entre hindúes e islamistas con un baño de sangre en provincias como Bengala, señaló la irreversibilidad de la división de la India. El Congreso aceptó esta realidad y el 15 de agosto de 1947 fueron proclamados simultáneamente dos estados soberanos: India y Pakistán, asociados a la Commonwealth Británica. No era un final feliz, para Gandhi era una "derrota de la India". Se avecinaban tiempos turbulentos por cuanto la división territorial no había respetado los procesos culturales y sociales con los que se habían construido lazos indisolubles y otro tipo de territorialidades. Era una especie de violencia cultural y religiosa que solo podría traer violencias redobladas, odios enquistados, venganzas sin cuento. Lo que siguió fue una verdadera guerra civil con connotaciones religiosas que enfrentó a musulmanes contra hindúes y sijs.
Gandhi, Nehrú y otros dirigentes intervinieron personalmente en las zonas mayormente afectadas por la violencia para implorar la paz y para interponer su propio cuerpo allí donde se daban las masacres. Randle dice que esta fue "la última y más heroica contribución de Gandhi a la política de la India". Antes de cumplirse un mes de la formalización de la independencia, Gandhi emprendió el ayuno de Calcuta. El respeto que inspiraba ese hombre frágil y ya anciano operaba como un mandato espiritual para cesar los disturbios, al menos temporalmente.
Gandhi comenzó su último ayuno la mañana del 13 de enero de 1948 en Delhi, lo llamó ayuno total o "hasta morir", era un ayuno de purificación de todos, de él, en primer lugar. No estaba dispuesto a aceptar ayuda médica a pesar de que sus riñones no funcionaban bien. Dicen que un hombre hindú lo visitó y le pidió consejo: "Un musulmán mató a mi hijo, yo he matado a otro musulmán. ¿Qué debo hacer para limpiar el pecado?" El Mahatma le aconsejó: "Debes buscar a un niño musulmán huérfano y educarlo como si fuera tuyo, pero respetando su religión, la musulmana". La Noviolencia es perdón y reparación, y eso hay que recabarlo en el interior del alma de cada uno. Transcurridos cinco días, le informaron que representantes de las comunidades religiosas habían firmado un pacto para detener la confrontación y proteger a la población. También que se estaban multiplicando las escenas de fraternidad entre musulmanes e hindúes. Gandhi decidió levantar el ayuno y continuar trabajando.
El 30 de enero de 1948, cuando se dirigía a un encuentro interreligioso, un extremista hindú, que lo responsabilizaba por la división de la India y por su blandura con los musulmanes, lo asesinó. El trágico final del satyagrahi más íntegro parecía apenas el anuncio de la dramática historia que tendría que recorrer la India recién fundada, ahora despedazada. Sobrevendrían la guerra Indo-pakistaní por Cachemira y la escisión de Bengala para que surgiera un nuevo país: Bangladesh. La militarización de los dos países resultó en una carrera de armamentos que los convirtió en potencias nucleares; ambos quedaron atrapados en la guerra fría con Pakistán, del lado norteamericano, y el socialismo "no alineado" de la India, arropado por Moscú.
Luego de la caída del Muro de Berlín, ambos países, y con mayor aceleración la India, entraron en la era del capitalismo global y salvaje. ¿Cómo vería hoy Gandhi la situación de su patria? Sin duda emprendería de nuevo su camino de la búsqueda de la verdad y proclamaría una vez más el espíritu de la ahimsa. Lo cierto es que muchos pueblos y millones de personas han acogido su legado y han hecho posible que el Mahatma reencarne, a cada momento, en los resistentes noviolentos.
1 Según Gandhi: "Al lado del aire y el agua, la sal es tal vez la más grande necesidad de la vida. Es el único condimento del pobre (…). Por consecuencia dicho impuesto constituye la tasa más inhumana que el ingenio humano pueda imaginar (…). La ilegalidad es que un gobierno roba la sal del pueblo y le hace pagar muy caro el artículo que robó" (Young India, 27 de febrero de 1930).
2 Jean Marie Muller relata en "La epopeya de la Marcha de la Sal" algunos de esos episodios. Uno de ellos, acontecido en Dharasana el 21 de mayo de 1930, en donde 2.000 voluntarios indios, liderados por un hijo de Gandhi y por la presidenta del Congreso, formados en filas recibieron la arremetida de golpes de bastón de la policía (los llamados lathis,,que eran porras de bambú revestidas de acero), unos detrás de otros: "(…) en medio de un silencio completo y sin siquiera levantar un brazo para defenderse. Hubo dos muertos y 300 heridos" (Muller, citado por Ameglio, 2002, p. 175).
3 Así lo relata Luis Bou: "En Singapur, Chandra Bose organizó un Gobierno Provisional de la India Libre (Arzi Hukumate Azad Hind), con el apoyo de la diáspora india en el sudeste asiático. Este gobierno fue reconocido por las potencias del Eje y participó en lo que los japoneses llamaban "Esfera de Co-prosperidad" (…). El INA participó en la ofensiva japonesa contra la India, izando por primera vez la bandera de la India Libre en el extremo noreste del territorio patrio. El grueso del INA se estacionó en Rangún, donde contaba con el apoyo de los numerosos comerciantes indios allí emigrados. Desde allí Bose condujo numerosas operaciones contra el ejército británico en la frontera birmana" (Bou, 2006, pp. 88-89).
4 En el año 2001, apareció la más reciente biografía de Bose, escrita por su nieto, Sugata Bose (): "His magestys opponent. Subhas Chandra Bose and Indias struggle against empire" (Se han hecho varias películas con base en la vida de este carismático y controversial líder. El aeropuerto de Calcuta, lleva su nombre.
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