Tema 2: Otros contextos de las resistencias sociales noviolentas en Occidente. Francisco Javier Cervigon Ruckauer

Módulo 4. Las bifurcaciones de la resistencia social no violenta.

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Tema 2: Otros contextos de las resistencias sociales noviolentas en Occidente

La lucha de las mujeres siempre incorporó un fuerte componente pacifista. Muchas fueron fundadoras de movimientos, otras participaron y encabezaron resistencias de gran calado apelando a la desobediencia civil, a la objeción de conciencia y a las movilizaciones antimilitaristas, contribuyendo a la comprensión de que si hay una institución patriarcal, esa es la guerra y toda la máquina de muerte que desata, en particular los ejércitos, como dispositivos que dependen de las jerarquías y la obediencia. Los movimientos de las mujeres han estado generalmente asociados a las luchas contra las guerras y sus secuelas, sean ellas las clásicas guerras que recurren a las armas convencionales o a las que promulgan la destrucción masiva como la guerra nuclear.
En 1915, el filósofo, matemático y premio nobel de literatura Bertrand Russell (1872-1970) había planteado la necesidad de una oposición ética a la guerra moderna ("The ethics of war"), había aconsejado a los jóvenes sobre cómo evitar el servicio militar y había promovido la desobediencia civil a la participación de Inglaterra en la I Guerra Mundial, razón por la que fue condenado a una pena de prisión durante seis meses. Desde entonces, inició su activismo antimilitarista y estudió las maneras de construir una defensa pacífica y ciudadana ante las amenazas de otras potencias.
Russell, al lado de Einstein y otros prominentes científicos e intelectuales, crearían el "Comité de los Cien", unos meses después de realizada por su iniciativa la Conferencia Pugwash, en 1957, en contra de la amenaza nuclear que la guerra fría de las superpotencias cernía sobre la humanidad. Ya cerca de cumplir los 90 años de edad, en 1961, Russell fue encarcelado nuevamente por su participación en la desobediencia civil que desarrolló una de sus protestas ante el Ministerio de Defensa británico. Su oposición a la guerra de Estados Unidos contra Vietnam lo condujo a la creación de la Fundación para la Paz, y en 1966, al lado de Jean Paul Sartre, al surgimiento del "Tribunal Internacional contra los Crímenes de Guerra", hoy conocido como "Tribunal Russell".
Richard Gregg, unos años después, desarrolló la estrategia de las artes marciales de naturaleza moral ("Jiu Jitsu moral", como lo denominaría luego Gene Sahrp). Basa su fuerza en el poder del desconcierto que hace perder el equilibrio moral al atacante por cuanto este espera ser contraatacado; a cambio, encuentra, una potente fuerza dispuesta a mantenerse firme en su dignidad sin desatar una agresión. Esta sería la base de una nueva noción de eficacia política democrática, superior a la de la guerra, de tal manera que: "(…) La no violencia y buena voluntad de la víctima actúan igual que la falta de oposición física por el practicante del Judo para lograr que el atacante pierda su equilibrio moral" (Gregg, 1935, citado por Randle, 1998, p. 115). El agresor queda entonces vaciado de su legitimidad al perder la batalla moral contra esta actitud típicamente gandhiana.
Esta modalidad de "defensa no violenta" sería una especie de reverso de las técnicas militares; Mario López resume esta perspectiva sistematizada también por otros autores como el italiano Aldo Capitini y el norteamericano Sharp:
La acción noviolenta (….implica), de hecho, confrontación con diversas fuerzas, afrontar «batallas», requiere sabiduría en la elección de la estrategia y de las tácticas, además de exigir «soldados» (satyagrahi diría Gandhi) disciplinados, con coraje y capacidad de sacrificio (…) la acción noviolenta, como su nombre indica, es acción noviolenta y no ausencia de acción, por tanto, que no sólo está hecha de palabras, sino de protestas, no colaboración y acción directa, a menudo es «extra constitucional», no se limita a utilizar los normales procedimientos institucionales del Estado (jurídicos, parlamentarios, partidistas, etc.) (López, 2012, p. 57).
El historiador británico Arnold Toynbee, en "La Europa de Hitler", anota que en 1943 se creó el "Consejo de Libertad" (Frihedsrådet) formado por los representantes de los grupos resistentes ilegales más importantes, y que cuando se produjo la liberación del país en 1945 había unas 50.000 personas en el movimiento de resistencia1.
Podemos hallar otros ejemplos destacados de impulso de las ideas de la resistencia pacífica; tal el caso del holandés Bartholomeus (Barth) de Ligt (1883-1938), representante de una vertiente que podría denominarse del pacifismo anarquista. Fue el redactor del "Manifiesto de los Resistentes a la Guerra" e hizo parte de la "International Anti-Militarist Union", fundada en 1904 por el también anarquista holandés Domela Niewenhuis (1846-1919). Barth de Ligt se impuso la tarea de promover una organización antimilitarista de naturaleza internacional y fue uno de los mayores difusores y promotores de la objeción de conciencia al servicio militar, activismo que lo llevó varias veces a prisión.
En 1937, apareció el libro de Ligt (1938): "The conquest of violence", considerado uno de los clásicos de la "defensa popular pacifista" ante conflictos internacionales como el que ya se vislumbraba. En él se incluye un anexo, el  "Plan of Campaign against all war and all preparation of war" ("Campaña contra todas las guerras y toda preparación de la guerra") con una detallada exposición de métodos de resistencia a la guerra en el que debe involucrarse al conjunto de la población, preparándola para la no cooperación, combinada con modalidades de huelga general capaces de parar la agresión.
Estos planteamientos coinciden con los de otros estudiosos del problema de las alternativas a la defensa, como el contenido en el texto "Guerra sin violencia" de Krishnalal Shridharani (1939) que, basado en la experiencia gandhiana, demuestra que esta forma de pacifismo no es una mera oposición sin  alternativas a la guerra, sino que es una guerra sin armas y con novedosos procedimientos  para garantizar la resistencia a la invasión o un equivalente moral a la guerra.
La presión política ante esta alternativa puede ser insoportable para los militantes noviolentos. La barbarie de una invasión suele despertar las pasiones agresivas más violentas para responder a los agresores. La posición del pacifista suele ser calificada de traidora o, benévolamente, de "neutral". Y en una guerra, sostener la neutralidad es tarea de titanes. Ha de demostrarse que se trata no de la pasividad ante la ocupación armada, sino de otro tipo de resistencia que puede tener mayor eficacia y menores costos humanos.
Dirigentes como Bart de Ligt se pronunciaron por un apoyo irrestricto a quienes se decidieron a practicar, en las condiciones más difíciles, la resistencia noviolenta; sin embargo, se negó a condenar a quienes aceptaron la violencia en esa coyuntura, adoptando el punto de vista gandhiano de que lo primero es resistir dignamente a la injusticia y que es preferible luchar violentamente a aceptar sumisamente el oprobio.
Aquí no solo se aparta de una perspectiva holística, como la de Gandhi o los otros grandes pensadores de la  Noviolencia que hemos analizado, sino que es un intento de incorporar a la lógica de la guerra el arsenal metodológico de la resistencia noviolenta, cuyo único parámetro de evaluación es la de su eficacia.
Este planteamiento pragmático muy poco tiene que ver con principios vitales que deben ser aplicados en las diferentes dimensiones de la acción humana; para nada implican una transformación integral de las formas de vida, de los campos de la política, la economía o la estética que propugnan por poderes autónomos, fundamentos de una integral revolución noviolenta. Para estos últimos, la acción noviolenta se corresponde con el pensamiento y la profunda afectación ética que provienen del empeño en construir otros modos de existencia.
Esto no quiere decir que los esfuerzos por aplicar estratégicamente modalidades de la acción noviolenta, como complemento de la defensa del territorio o de luchas armadas emancipadoras, carezcan de importancia. Eso de por sí es ya el reconocimiento de que la violencia no es tan omnipotente como se le quiere presentar y abre muchas posibilidades de que se transite desde opciones puramente funcionales hacia prácticas noviolentas más profundas, o que se creen campos de confluencia y alianza de muy distintas prácticas que ejercen la Noviolencia por una u otra consideración.2
En el fondo, lo que se está discutiendo es acerca de la naturaleza del poder y de la política. Si estos se fundamentan en acontecimientos micropolítcos que intervienen en la constitución de campos de fuerzas trasversales a las formas de vida, y desde allí intervienen en la modificación de condiciones macropolíticas, estaremos aludiendo a las resistencias sociales noviolentas. En cambio, si el ámbito de acción privilegiado es la intervención en los espacios instituidos de la política de representación, incluidos los que tienen que ver con los operadores de la guerra, de las treguas y de la paz -como silenciamiento negociado de las actividades bélicas-, podremos referirnos a acciones pacifistas que usan técnicas noviolentas o a estrategias de defensa territorial que utilizan este tipo de técnicas.
Por su parte, el francés Jean Marie Muller fundó en 1974 el "Mouvement pour une Alternative Non-violente" MAN (Movimiento por una Alternativa Noviolenta), uno de los muchos centros de investigación y acción noviolentas que se expandieron por Occidente. Por estos años, se expandió la lucha contra la amenaza de guerra atómica y, particularmente, contra los ensayos nucleares franceses en sitios como el Atolón de Muroroa. Muller, Lanza del Vasto y otros retomaron el método de Gandhi de las huelgas de hambre contra estas acciones de los Estados guerreristas.
En los años ochenta, el MAN contribuyó a crear el "Instituto de investigaciones sobre la resolución noviolenta de Conflictos" (IRNC) que se propuso contribuir a la fundamentación epistemológica y teórica de la Noviolencia y a desarrollar la síntesis de la experiencia sobre los aspectos álgidos de la organización, la planificación y las estrategias de defensa y disuasión propias de la acción directa noviolenta. En estos problemas la preocupación central era la de conseguir una relación integral entre medios y fines, según la formulación gandhiana, asumiendo los procesos de lucha noviolenta particulares con una perspectiva estratégica práctica, pero evitando el pragmatismo del que estarían imbuidos otros aportes como los ya mencionados de Gene Sharp.
La presencia de la juventud en estos espacios de lucha que enfrentan una de las cuestiones más álgidas de la soberanía del UNO, le ha dado un ritmo vital de continuo aprendizaje sobre las técnicas noviolentas para enfrentar la conscripción y denunciar la creciente militarización de la sociedad. Inspirados en Tolstoi y Thoreau, los jóvenes objetores han conseguido crear un campo continuo de fuerzas que ha tenido episodios elevados como las campañas de objeción en España, iniciada en los años setenta, y que consiguió después de 30 años de actividades de insumisión noviolenta, la abolición de la conscripción.
El énfasis puesto en el diseño de una gran estrategia para "derrocar" los poderes de corte dictatorial y organizar minuciosamente las campañas específicas para una acción eficaz, le han ganado fama de pragmáticos a Sharp y a su Instituto Einstein, siendo su mayor aporte el de la necesidad de aprender métodos colectivos para los que hay que prepararse con rigor y enorme despliegue organizativo. La sistematización de las experiencias ha arrojado un catálogo diverso y detallado de métodos que muestran las grandes posibilidades de la Noviolencia, pero que dejan la sensación de que se puede contar con un "manual" de las luchas noviolentas, asunto que hoy continúa siendo objeto de discusión en los círculos académicos y de activistas.3
 
1 En el texto: "Una fuerza más poderosa. Un siglo de conflictos no violentos. Guía de estudio" se lee lo siguiente sobre este movimiento de resistencia y defensa no violenta: "Arne Sejr tenía 17 años cuando invadieron los alemanes. En el primer día de la ocupación, se dio cuenta de que las personas de su pequeño pueblo eran amistosas con los soldados alemanes, y se sintió indignado. Fue hasta su casa y escribió 25 copias a máquina de una lista de "mandamientos" para sus compatriotas: 1. No debes ir a trabajar a Alemania o Noruega. 2. Tienes que trabajar mal para los alemanes. 3. Tienes que trabajar lento para los alemanes. 4. Tienes que destruir máquinas y herramientas importantes. 5. Tienes que destruir todo aquello que pueda beneficiar a los alemanes. 6. Tienes que retrasar el transporte. 7. Tienes que boicotear las películas y periódicos alemanes e italianos. 8. No debes comprar en las tiendas nazis. 9. Tienes que tratar a los traidores como se merecen. 10. Tienes que proteger a todo el que sea perseguido por los alemanes. Después Sejr echó su lista dentro de los buzones de las personas más prominentes de su poblado. Posteriormente se sacaron más copias de los mandamientos y fueron pasando de mano en mano por todo el país". (Mogul, 2000, p. 14).
2 En esto radica el esfuerzo de diferentes investigadores por la forma de escribir la categoría misma de la noviolencia, lo que Mario López denomina la "morfosintaxis del concepto" e indica que al escribir los términos separados "no-violencia" podría confundirse con la expresión "sin violencia" o ausencia de violencia. Atribuye en cambio el término unido "noviolencia" a Aldo Capitini, el filósofo y pedagogo italiano maestro de Norberto Bobbio, que "(…) en 1931 ya empezó a usarlo unido (…) quería decir que esta no era solo un conjunto de técnicas, procedimientos y prácticas en el que se renunciaba al uso de las armas y de la violencia, sino que era ante todo una filosofía o, para precisar más, un programa constructivo y abierto (…) de tipo ético-político, social y económico de emancipación en el que se pretendía, al máximo de lo posible, reducir el sufrimiento humano" (López, 2004, párr.. 15). De otra parte, Pere Ortega y Alejandro Pozo propusieron utilizar noviolencia para la corriente ética (que nosotros hemos denominado holística) y no-violencia para la pragmática, pasando por alto que fue el propio Sharp, el máximo exponente de la corriente pragmática, el que popularizó la grafía noviolencia (escrito junto) "(…) La noviolencia se presenta así como un concepto que pretende dar sentido global a las luchas emancipatorias y por la transformación social frente a la violencia estructural y no de simple rechazo a la violencia" (Ortega y Pozo, 2005, pp. 8-9).
3 Michael Randle, por ejemplo, critica la pretensión de Sharp de hacer una taxonomía de los casos de "defensa alternativa" restringiéndolos solo a aquellos que han contado con planes de acción previamente preparados, es decir, siguiendo los criterios de lo que el creador del Einstein Institution considera una "gran estrategia". De esta manera, Randle piensa que "(…) excluirían los casos de resistencia civil contra las invasiones, ocupaciones o golpes que se produjesen en la ausencia de un plan nacional previamente preparado. Sharp puede afirmar desde luego que nunca ha habido un caso histórico de "defensa con base civil", sino únicamente prototipos improvisados de ella (…). Pero negar, por ejemplo, que la resistencia checoslovaca a la invasión soviética de 1968 fue todo un ejemplo de resistencia civil partiendo de que no había sido planificada u organizada de antemano es un argumento florentino" (Randle, 1998, p. 144).

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