La campaña de No-cooperación finalizó en 1921. La represión inglesa, desatada con sistematicidad y brutalidad, fue respondida en muchas localidades con actos de violencia y creó un clima propicio para una sublevación armada. Gandhi, fiel a su principio fundamental de ahimsa, después de un ayuno, anunció la suspensión de las actividades sin que se cumpliera su propósito de lograr el swaraj en un año y, una vez más insistió: "(…) no existe todavía en la India esa atmósfera de no violencia y de verdad que es la única que puede justificar la desobediencia civil de masas" (Pouchepaddas, 1976, citado por Ameglio, 2002, p. 133). Entonces, había que profundizar en la preparación del partido -que ya contaba con dos millones de afiliados-, en las provincias y los distritos.
En febrero de 1922, Gandhi vuelve a convocar la desobediencia civil en masa. Esta vez se iniciará en una de las ciudades con las mejores condiciones de organización y amplia presencia de sathiagrahis: Bardoli en Bombay. Como de costumbre, Gandhi da siete días al Virrey para que reflexione y rectifique su política antes de comenzar el movimiento. Pero en la aldea de Chauri Chaura, distrito de Gorakhpur, una multitud de 3.000 campesinos que había sido atacada por la policía en el curso de una procesión religiosa, devolvió la agresión, persiguió y asedió a los policías en su cuartel para finalmente incinerarlos, muriendo 22 policías y un inspector.
Gandhi suspende por segunda vez el movimiento de desobediencia que acababa de ser decretado por él mismo. Se sentía responsable y muy adolorido por este desastre, le parecía que esa sangre lo manchaba a él mismo. Además interpretaba esta como una señal divina que anunciaba que las condiciones para la desobediencia civil aún no existían, que todavía debían ser creadas a través de la educación y la purificación. En señal de arrepentimiento, inicia un ayuno de 5 días que, según su voluntad, debería ser tomado únicamente por él.
(…) La verdadera Desobediencia Civil no comporta ninguna excitación. Es una preparación al sufrimiento silencioso. Su efecto es maravilloso, aunque dulce e imperceptible (...). Si no queremos que la violencia surja de la No-violencia, debemos volver apresuradamente sobre nuestros pasos, restablecer una atmósfera de calma y no pensar en dar comienzo a la Desobediencia en masa antes de estar seguros de que la paz será conservada, a pesar de todo (...). ¡Que el adversario nos acuse de cobardía! Más vale ser juzgado mal que traicionar a Dios (...) (Gandhi, Young India, 16 de febrero de 1922. "El crimen de Chauri-Chaura").
¡Cuánto hay allí de valor moral, de aprendizaje de humildad y sensatez! Pero, políticamente, suspender una acción de esa magnitud al borde de iniciarse era de un riesgo inmenso que él mismo consideraba que podía interpretarse como absurdo. Y las consecuencias habrían de verse pronto pues cosechó una oposición, hasta ese momento no conocida, al interior del Congreso. También ello significó el principio de la pérdida de confianza de los musulmanes en los acuerdos con los gandhianos. Con dificultad, Gandhi pudo mantener la mayoría en el Comité del Congreso que se reunió el 22 de febrero; la escisión del partido parecía inminente. El Mahatma confronta a todos cuantos guardan sentimientos ocultos de iniciar una confrontación armada contra los ingleses:
Si no sois capaces de la No-violencia, adoptad lealmente la violencia. ¡Pero sin hipocresía! La mayoría simula aceptar la No-violencia (...) ¡Que conozca entonces su responsabilidad! Debe por el momento retardar la Desobediencia Civil e imponerse por ahora una obra constructiva (...) de lo contrario, nos veremos ahogados en aguas cuya profundidad no suponemos siquiera (...) ¿Vosotros no queréis la No-violencia? ¡Salid del Congreso! ¡Formad un nuevo partido! ¡Enunciad públicamente vuestro Credo! ¡Y que el país elija entre ambos! (...) ¡Pero nada de equívocos! ¡Sed francos! (...) (Gandhi, Young India: 2 de marzo de 1922).
La unidad hindú-musulmana que había proclamado la no-cooperación en 1920 y la desobediencia civil en 1921 se había echado a perder. Tagore, que había regresado en agosto de 1921, si bien respaldaba el movimiento de independencia, había planteado una dura discusión con Gandhi a quien señalaba de exigir "una obediencia ciega" y de aislar el país del mundo con su consigna de rechazar las mercaderías extranjeras y convocar a todo el mundo a hilar y tejer rechazando la industrialización de tipo occidental.
La radicalización del gandhismo en su concepción del swaraj y el swadshi agudizaba la ruptura con ciertos sectores de los grandes comerciantes (parsis) y con la intelectualidad afín a Tagore. Sus vínculos se estrechaban en cambio con los campesinos y artesanos del mundo aldeano y con sectores de la industria nacional, incluidos algunos grandes industriales que contribuirían económicamente a sostener el movimiento. El debilitamiento y las fracturas internas hicieron abandonar la idea de conseguir un swaraj en el lapso de un año; había que alistarse para largas jornadas de lucha. En realidad, a partir de 1922, cuando fue hecho preso Gandhi, haría falta aún un cuarto de siglo para conseguir la expulsión del imperio británico de la India.
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