Presentación del módulo
¿Cómo se difundió la noviolencia gandhiana en Occidente y en otros rincones del planeta? ¿Cómo se fueron constituyendo las modalidades particulares de resistencia noviolenta en esta parte del mundo? La fuerza de una revolución como la protagonizada por los satyagrahis y el pueblo indio, que echó los fundamentos del fin de la colonización británica en el Indostán, fue capaz de trascender fronteras, atravesar océanos e influir en las mentes de millones de seres humanos que estaban en sus propios procesos de liberación. Para ellos, una experiencia como esta era indicativa de que se podían romper cadenas y refundar territorios a partir de la fuerza de la verdad, de la fuerza ética, de la desacralización de la guerra y de la construcción de poder de los débiles.
En este apartado de hará reseña de algunos de los hitos y de los principales impulsores de la resistencia noviolenta, de corte gandhiano, en América. Previamente traeremos un breve contexto de la evolución del pensamiento y la práctica de la resistencia noviolenta en algunos territorios y autores occidentales, predecesores, en algunos casos, o continuadores, en otros, de estas experiencias vividas en los territorios ex soviéticos.
No hay en este apartado otro propósito que una incursión descriptiva de los contextos y de algunos grandes enunciados en que se van a concretar modalidades específicas de las luchas de resistencia social pacíficas en diversos sitios del mundo occidental, siempre en clave genealógica. El núcleo son las experiencias americanas, comenzando por el poderoso movimiento que reivindicaba los derechos civiles en Estados Unidos, abordando luego la irrupción de este tipo de resistencias en América Latina. Para ello, se hará especial énfasis en el caso emblemático de Brasil.
Objetivo de aprendizaje
Observar en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, en los movimientos contraculturales de la década del 60, en los nuevos movimientos sociales y en el movimiento de los Sin Tierra en Brasil las continuidades y los nuevos aportes del mensaje y las acciones gandhianas.
Ideas fuerza
El pacifismo y la Noviolencia guiaron muchas de las transiciones desde regímenes autoritarios o totalitarios hacia democracias representativas y gobiernos que se desmarcaron, en un principio, de las formas más violentas y tiránicas de soberanía. En muchos casos, las estructuras gubernamentales retornaron, despojadas de sus manifestaciones dictatoriales, a formas más sofisticadas de despotismo cubiertas por el respeto de las formalidades de la democracia electoral y parlamentaria.
La Noviolencia basa su fuerza en el poder del desconcierto que hace perder el equilibrio moral al atacante por cuanto este espera ser contraatacado; a cambio, encuentra, una potente fuerza dispuesta a mantenerse firme en su dignidad sin desatar una agresión. El atacante queda entonces vaciado de su legitimidad al perder la batalla moral contra esta actitud típicamente gandhiana.
Rosa Parks era una costurera, ciudadana común y corriente, víctima de las leyes de discriminación que estaban vigentes en la pequeña ciudad de Montgomery. Rosa hizo un gesto simple, se negó a ceder su asiento en el autobús a un blanco, violando la orden contenida en las leyes racistas. Desobedeció así una regla injusta que tocaba su vida cotidiana, que la incomodaba a ella y a todos los que tenían su color de piel. Pero su actitud fue una señal que desató la “potencia del no”.
Los estudiantes de Nashville se organizaron en grupos que entraban a los restaurantes y bares que no aceptaban a la gente negra y pedían ser atendidos como cualquier cliente. Era una operación de subjetivación basada en prácticas resistentes que demostraban la potencia de transformación que podía haber en cada individuo y en su decisión de movilizar el deseo colectivo de liberación. Los estudiantes habían entendido que la resistencia noviolenta es la resistencia de los fuertes, como predicaba Mahatma Gandhi.
Martin Luther King señala que quien quebranta una ley injusta en uso de la desobediencia civil “… tiene que hacerlo abiertamente, con amor, y dispuesto a aceptar la consiguiente sanción”. Hay entonces una violación consciente y pública de una ley, es decir, se incurre en una ilegalidad manifiesta, aunque lo que se pretende es legitimar la acción propia destinada a derogar tal norma injusta o hacerla inoperable.
M. L. King había adherido a la claridad y eficiencia de la noviolencia gandhiana, que añade a la contundencia de la fuerza propia, la convicción moral de persuadir sin causar daño al contrincante, así este persista en el uso de la violencia; para ellos, los fines y los medios están vinculados irrestrictamente.
La “Kommune I” (Comuna I) inició el debate sobre los códigos del patriarcado, la autonomía y los nuevos enfoques de la sexualidad, sobre cómo desmontar el militarismo y el autoritarismo en las relaciones comunes y cómo superar el divorcio del humano y la naturaleza.
Mayo del 68 fue un acontecimiento cultural de hondo calado, desató la fuerza de lo intempestivo y tuvo la fuerza impulsora de lo inesperado. Fue la micropolítica de la revolución de los asuntos corrientes. Las minorías reconquistaron para sí la política como acontecimiento vital no representable, como devenir revolucionario de personas comunes capaces de crear la novedad, de apartarse, así sea por un momento, de la miseria espiritual de un sistema intolerable.
Con el Mayo francés surgió una profunda dimensión antitotalitaria de las luchas, incluyendo el repudio por los micrototalitarismos presentes en las organizaciones políticas izquierdistas, en los sindicatos y en otras agrupaciones del movimiento social conocidas en esa etapa. También adquirieron protagonismo los nuevos problemas de la sociedad que no se circunscribían a las relaciones entre el capital y los trabajadores, sino a las relaciones entre la gente, entre los hombres y las mujeres, entre los adultos, los niños y los jóvenes.
La revolución noviolenta es una revolución cultural, es en esta dimensión donde se han renovado por completo las formas de lucha y resistencia y en donde se ha encontrado la cuerda articuladora de los nuevos poderes desobedientes, inspirando nuevas concepciones y formas de acción para los movimientos sociales del planeta. Consiste en diseñar y avanzar en la experimentación de nuevas formas de existencia.
Las resistencias de hoy son movimientos que rehacen lo público a partir de sí mismos, y que van tomando cada vez mayor distancia del Estado. Sus instituciones son las que están en la memoria: la familia, el territorio, la comunidad, la vecindad, las redes de solidaridad más próximas.
El análisis social latinoamericano adoptó la denominación de “nuevos movimientos sociales” para referirse a estas emergencias y para diferenciarlas de los movimientos típicos de la etapa industrialista del capitalismo.
Se puede ubicar en el alzamiento zapatista de enero de 1994 el punto de quiebre para la irrupción generalizada de las nuevas formas de resistencia social en Latinoamérica, desde las formas de lucha que solo podían ser codificadas con referencia al Estado (bien fuera como reformistas o revolucionarias), hacia modos no estatales y autonómicos de configuración de las fuerzas políticas resistentes.
El campesinado es un movilizador privilegiado de nuevos mundos productivos y sociales; está plantado como la principal fuerza social que disputa con el modelo de mercado neoliberal los territorios de la seguridad alimentaria y de la defensa de la biosfera.
La resistencia se alimenta del mestizaje; la mezcla cultural y étnica ha generado un espacio diverso para la lectura de los aportes de la modernidad desde la sabiduría milenaria de los pueblos originarios. De este saber mestizo es que están emergiendo los nuevos mundos posibles, las energías que disipan la entropía del capitalismo salvaje.
En Bolivia y Ecuador, las modificaciones constitucionales dan un giro hacia una representación menos abstracta y reconocen como sujeto político a la “madre tierra”, inaugurando una nueva forma de abordaje del problema ecológico y de las relaciones entre los humanos y la naturaleza.
Mucha gente se ha percatado del poder de los humildes, de los frágiles, de los siempre marginados. Y ese solo hecho ha replanteado el mapa de la política cotidiana y de la macropolítica de representación.
En sintonía con Tolstoi, los costarricenses han aprendido que es inmoral inculcarle a los jóvenes que “la tortura y el asesinato que deben perpetrar con sus propias manos es un deber sagrado”, y menos que es “un acto heroico digno de elogio y recompensa” (Tolstoi, 2010, p. 345). Por supuesto, la abolición del ejército no suprime la violencia del Estado, pero es un paso que no puede subestimarse.
En esta época de resistencias sociales y revoluciones noviolentas es muy amplia la gama de expresiones de este tipo que van configurando lo que la teoría de la complejidad llama un “patrón”, es decir un conjunto de relaciones que determinan las características básicas de un sistema; en este caso, el del conjunto de multiplicidades que caracterizan las resistencias sociales.
El Movimiento sin Tierra (MST) busca su potencia en la micropolítica de la territorialidad emergente y de una nueva relación con la tierra, pero se mantiene proyectado hacia las formas estatales de representación de sus demandas.
Al ocupar la tierra, el grupo que accede a ella, desconociendo las leyes de propiedad vigentes, se convierte en un “acampado”. La situación de los “acampados” es una declaración de resistencia social, es un cambio en la condición del sujeto sometido al empobrecimiento y a la indignidad que ahora afirma su derecho a la tierra. Lo hace mediante acción directa que combina su acción desobediente con su acción instituyente, dispuesta a crear un nuevo campo de fuerzas social, productivo y político.
En el entrelazamiento de las familias del Movimiento Sin Tierra, emerge una nueva territorialidad que resignifica el hogar y produce subjetividades comunitarias inéditas, altamente politizadas. Lo fundamental se da en torno a la red de relaciones micropolíticas que van surgiendo: la exigencia de adoptar formas de autogobierno legítimo y eficaz, la percepción de que se está en medio de un continuo aprendizaje, es decir, que los individuos y la comunidad no discurren dentro de un libreto, sino que se hace indispensable el intercambio de saberes y el flujo de propuestas creativas.
En el plano de la micropolítica, el MST ha conseguido replantear viejos problemas como el del papel de las mujeres en estos movimientos. La revolución en la emergencia de nuevas territorialidades presiona sobre la matriz patriarcal de estas sociedades y la lucha de las mujeres se va abriendo paso y dejando huella en la perspectiva de la constitución de nuevas relaciones sociales.
Las ciudades de Brasil están levantándose en resistencia. En la más reciente sacudida hay novedades que radican justamente en que los jóvenes de Brasilia, de Río de Janeiro, de Sao Paulo y otras ciudades reivindican su apartidismo, que se levantan no solo contra el Partido de los Trabajadores (PT) en el gobierno, sino contra todos los partidos y contra la política convencional. Escriben en sus pancartas la misma consigna de los insurgentes argentinos del 2001, que fue recogida por los Indignados españoles: “¡Qué se vayan todos!”. Hacen evidente la profunda crisis de representación que atraviesa todas las instituciones.
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